Jornada crítica de aproximación a la implantación del gas en España y la UE

Jornada organizada por Ecologistas en Acción, ODG y Podemos Europa. Mi intervención a partir del minuto 1:12:00

Texto de mi intervención

Charla gas UE junio 2017

Diapositivas de mi intervención

charla GAS y Cambio climático UE junio 2017 FINAL

Programa

Contextualización de la jornada

El gas natural se está imponiendo en los discursos oficiales como el combustible fósil de transición
con dos argumentos principales: es el “amigo climático” porque produce menos emisiones de CO 2 en
la combustión que el carbón o el petróleo y es necesario para cubrir las intermitencias de las energías
renovables. Esta combinación de argumentos ha conferido al gas natural un papel mucho más
relevante en el mapa global de la energía y en la proyección de las transiciones energéticas hacia
economías bajas en carbono.

El escenario mundial, además, ha estado marcado por diferentes eventos que han reconfigurado
las relaciones gasísticas: las llamadas primaveras árabes en países con grandes reservas de gas Egipto,
Libia, Túnez, Yemen y Siria; el accidente de Fukushima que convirtió a Japón en el máximo importador
de gas natural licuado (GNL), el repunte del conflicto del gas entre Ucrania-Rusia en 2006 y 2009, y
la guerra civil en la exrepública soviética, el levantamiento de las sanciones a Irán, el repentino
descenso del precio del barril del petróleo y el llamado boom de los no convencionales en EE.UU.
También los nuevos tratados de libre comercio como el CETA, el TPP y el TTIP juegan su papel como
dinamizadores del mercado global del gas.

Por su parte, la Unión Europea promueve como propio el eslogan de “el gas natural es el
combustible de transición” y despliega una política energética que, bajo la justificación-excusa de los
conflictos entre Ucrania y Rusia, y la alta dependencia europea del gas ruso, impulsa una ofensiva
con una fuerte componente exterior. La estrategia que aúna todos estos objetivos es la Unión de la
Energía, una maniobra que jerarquiza el futuro energético de la Unión poniendo en la cúspide,
seguridad, gas y mercado. La Unión de la Energía se traduce, principalmente, en un despliegue de
grandes infraestructuras, la mayoría de ellas consideradas Proyectos de Interés Común-PIC. Los PIC
pueden recibir fondos públicos y facilidades en los trámites administrativos con el objetivo de
acelerar su autorización, construcción y puesta en marcha. Entre los PIC podemos encontrar
megagasoductos como el Corredor de Gas del Sur (CGS), que pretende llevar gas desde Azerbaiyán
hasta Italia, el GALSI, un nuevo gasoducto entre Argelia y Italia, y plantas de importación de gas
natural licuado en diferentes países. Además, para que el gas pueda circular libremente por los
Estados Miembros, se proponen gasoductos de interconexión como el MidCat, gasoducto entre el
Estado español y Francia.

A nivel europeo, diversas organizaciones han levantado voces críticas frente a la apuesta por el
gas natural. Por un lado, no existen evaluaciones claras del impacto en las emisiones que puede tener
este aumento en las importaciones de gas. Es especialmente preocupante que la estrategia europea
del GNL sitúe a los EE.UU. como socio estratégico, puesto que las explotaciones de gas no
convencional tienen índices de emisiones de metano muy superiores a las del gas convencional y, en
cualquier caso, no existe ningún análisis del impacto de las fugas de metano en todo el proceso. Por
otro lado, en la Europa de la austeridad, se están ofreciendo gran cantidad de fondos y garantías
públicas a través de instituciones como el Banco Europeo de Inversiones (BEI), el Banco Europeo de
Reconstrucción y Desarrollo (BERD), y fondos adhoc como el Connecting Europe Facility (CEF).
Además, se incentiva el uso de instrumentos financieros como los Project Bonds Initiative 2020. El
hecho de que las infraestructuras intenten atraer a los mercados de capitales hace que la inversión
se dirija solamente hacia los megaproyectos y las grandes empresas transnacionales de
hidrocarburos.

La diversificación de los proveedores de gas está conduciendo a situaciones inaceptables; la
diplomacia energética europea está estableciendo relaciones con países como Azerbaiyán,
gobernado por la familia Aliyev desde 1991, conocida internacionalmente por corrupta y represora,
y por amasar una fortuna de la venta de hidrocarburos azerís. Lo mismo sucede con las élites de
Argelia, Qatar y otros proveedores como Nigeria, Egipto, Libia, Kazajistán. La garantía del suministro
se sitúa por encima de la garantía de los derechos humanos. Las poblaciones y las comunidades
locales se ven sometidas a duras tensiones y a asumir los pasivos ambientales del negocio del gas.
Ejemplo de ellos son la situación de los presos políticos de Azerbaiyán, las revueltas antifracking en
el Sahara Argelino, la oposición a la llegada del CGS a la Puglia italiana, la denuncia de los seísmos en
la zona de extracción de Groninguen, o el sinfín de grupos locales en oposición a la fractura hidráulica,
por mencionar algunos.
Cabe destacar que el Estado español tiene un papel importante en el mapa europeo del gas. Su
posicionamiento estratégico, cercano a las reservas del norte de África, y su gran capacidad de
importación por barco, con un 25% del total de la UE, convierten al territorio del Estado en un espacio
geográfico perfecto para el tránsito de gas.
Desgraciadamente, los costes económicos, sociales y ambientales del desarrollo gasístico en
España son más que visibles. La optimista previsión de consumo de gas y electricidad en el contexto
pre-crisis, animó a la proliferación masiva de centrales de ciclo combinado (CTCC), plantas de
regasificación, proyectos de almacenes y de grandes gasoductos. La realidad hoy en día es que las
CTCC funcionan a un 13% de su capacidad, pero cobran unos 700 millones de euros al año en
concepto de pagos por capacidad, las plantas de regasificación nunca han funcionado a más del 40%
pero se les retribuye con unos 450 millones de euros al año. Y también tenemos casos de proyectos
fallidos como el almacén geológico de gas Castor, con una deuda de 3.420 millones de euros que se
transferirán a las facturas del gas.
La intención de la jornada es ofrecer una mirada crítica y poliédrica sobre qué supone la apuesta
por el gas natural. Con este objetivo se han confeccionado 3 mesas de debate con expertos/as que
profundizarán en el contexto internacional del gas, los mitos relacionados con su impulso, su
desarrollo en el Estado español y la respuesta desde grupos locales a las agresiones al territorio del
sector gasístico.

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