Torturando los números

Artículo publicado en elsalmoncontracorriente.es

La necesidad de una contabilidad real

Diversas instituciones y organismos se han enfrascado los últimos días en sesudos cálculos para averiguar a qué incremento de temperatura nos conducen las ofertas de mitigación hechas por los diferentes países, a través de las llamadas INDCs [1].

La conclusión es que son promesas son a todas luces insuficientes porque, incluso cumpliéndose -algo que está por ver, pues de momento se trata de un ejercicio voluntario, no vinculante, sin sanciones, y sin mecanismos de verificación ni de revisión al alza-, nos sitúan en un calentamiento de entre 2,7 y 3,7 ºC. Las INDCs no corresponden a un reparto acordado internacionalmente en función de la responsabilidad, como hemos visto ya en este blog, y representan un enfoque que choca frontalmente con el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, al evitar un reparto justo del presupuesto de carbono restante en base a la responsabilidad histórica (y actual) sobre el problema.

En cualquier caso, cuando se atribuyen responsabilidades en el problema climático se hace, equivocadamente, en base a las emisiones producidas dentro de las fronteras de cada país, lo cual pervierte de base el asunto de la responsabilidad, como veremos. También se dejan fuera de toda contabilidad, como si no fueran responsabilidad de nadie, aquellas emisiones que caen fuera de las fronteras, es decir, las relativas a la aviación y la navegación marítima internacional, quizá en una esperanza de que esas no produzcan aumento de temperatura, más propia de una avestruz que de una especie con capacidad de razonamiento complejo.

Emisiones por consumo en lugar de por producción: un enfoque más justo

Es habitual escuchar en conversaciones de bar frases como ’el problema del cambio climático realmente son las emisiones de los chinos, que son muchos y como es normal quieren consumir carne y conducir coches y claro…’ Ciertamente China se ha convertido en el mayor emisor de CO2, siendo responsable del 30% del total mundial. Al gigante asiático le siguen EEUU con un 15% y la Unión europea (UE), responsable del 10% de las emisiones. En cualquier caso habría que desmontar alguno de estos lugares comunes antes expuestos, que tienen mucho de auto-lavado de conciencia, desplazando el foco del problema hacia nuevos responsables. Si miramos el consumo per capita, vemos que, volviendo a los chinos -pero evidentemente es algo extensible a todos los países que caen fuera de la categoría de ’desarrollados’-, tienen un consumo per cápita menor que países como Estados Unidos (16,5 toneladas métricas per capita), Canadá o Australia, que están en el top 20. En cualquier caso es cierto que las emisiones per capita de China han pasado de 5 toneladas métricas en 2006 a 7,2 en 2013, año en que superó por primera vez a la UE (que ese año arrojó 6,8 toneladas per cápita). Pero ¿están esta cuentas bien hechas?

Al imputar a cada país las emisiones que se producen dentro de sus fronteras estamos obviando el núcleo esencial del problema: el comercio internacional y el consumo. Precisamente la falta de políticas climáticas efectivas tiene mucho que ver con no mirar este asunto a la cara, como si no tuviera relación con el problema. Los 23 años de infructuosas negociaciones climáticas han ido en paralelo con unas muy fructíferas negociaciones comerciales que, a golpe de tratados de libre comercio, han ido imposibilitando que los loables objetivos climáticos emanados de Rio 92 se llevaran a término [2]. Un enfoque en las emisiones imputables a los productos que consumimos, en lugar de a los que producimos, nos daría una medida más real de nuestra contribución al problema. Volviendo a China, puedes fácilmente comprobar de que estamos hablando si examinas las etiquetas de las prendas de vestir que llevas puestas ahora mismo mientras lees este artículo. El gigante asiático es uno de los roperos del mundo. Las emisiones que se generaron para hacer tu camiseta (quizás una camiseta que clame por la justicia climática) se le imputan a China, aunque la disfrutes tú.

Según un estudio reciente, a China habría que restarle una quinta parte de las emisiones que habitualmente se le imputan, porque corresponden a la fabricación de productos para la exportación.

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Fuente: The Global Footprint of Nations, CREEA 2014

Aunque estemos hablando de emisiones de CO2, el mismo planteamiento sirve para el uso de recursos naturales en general. El consumo de materiales de un ciudadano europeo es de 21 toneladas al año. En territorio europeo solo se producen 13 toneladas per capita, con lo que las ocho restantes han de ser importadas. En China, por seguir con el mismo ejemplo, se consumen 13 toneladas de materiales per capita, y se obtiene prácticamente la misma cantidad dentro del país, lo que arroja un balance neto cercano a cero.

Investigadores del BC3 y la Universidad del País Vasco han estudiado la relación entre el uso de energía y el nivel de desarrollo de los países. Los requerimientos energéticos de un país para alcanzar determinado nivel de ’desarrollo’ se revelan mayores si se contempla en términos de huella energética- en el sentido de lo antes expresado- que si se mira con un enfoque más estrecho de ’uso de energía’. Y nuevamente en el caso de China, ya que hemos tomado ese país como ejemplo para ilustrar los problemas con la contabilidad de emisiones, se puede observar que su huella energética es un 20% menor que ’su’ uso de energía, que como hemos visto no es tanto ’suyo’ como nuestro.

El proceso de creciente globalización en las últimas dos décadas ha hecho que economías ricas puedan ’externalizar’ aquellas actividades más intensivas en materiales, energía, y carbono a otros países que poseen los recursos y que también se han industrializado rápidamente. Ello ha permitido maquillar la contabilidad de emisiones de aquellas economías que podían incluso permitirse ciertas mejoras ambientales, a expensas de un incremento en el uso de energía en los países productores. Dado que el consumo de combustibles fósiles es la primera fuente de cambio climático (IPCC, 2014), parece evidente, como bien defienden los autores del estudio mencionado, que esta transferencia de emisiones netas está en último término motivada por un desequilibrio entre la energía usada en el territorio de producción y la huella energética real.

El elefante en la habitación: las emisiones que nadie cuenta

Entre las organizaciones de la sociedad civil que siguen las negociaciones climáticas, es habitual referirse a las emisiones de la aviación y el transporte marítimo internacional como un elefante en las salas de las COP en el que nadie parece reparar a pesar de su tamaño. Las emisiones de estos sectores son superiores a las de Alemania y Reino Unido juntas, es decir, son un gran país en si mismo, de cuyas emisiones no se responsabiliza nadie. Otro gran agujero en la contabilidad. Estos sectores no son abordados en las INDCs.

La aviación y la navegación internacional gozan de exenciones de impuestos por valor de 60 mil millones de dólares anuales, otra forma de subsidio a los combustibles fósiles, que sin embargo no aparecen mencionados en el borrador de acuerdo de París, como si la cosa no fuera con ellos.

Se espera que las emisiones de este sector crezcan hasta un 270% en 2050. De COP en COP se apela a que los organismos internacionales ’responsables’ de tomar medidas, la Organización Marítima Internacional y la Organización Internacional de la Aviación Civil (IMO e ICAO respectivamente, por sus siglas en inglés) para que se pongan en marcha medidas. Pero se obvia la cuestión de fondo, nuevamente relacionada con el asunto anterior: la necesidad de reducir drásticamente el transporte de mercancías, y por tanto de cuestionar el comercio internacional, y por extensión el modelo de producción y consumo. No hay medidas efectivas para reducir significativamente las emisiones de estos sectores que no pasen por reducir drásticamente su actividad. lo que equivale a cuestionar nuevamente el núcleo del sistema. Algo que evidentemente no veremos en la COP21 de París.

 

Samuel Martín-Sosa Rodriguez.
Ecologistas en Acción

Notas

[2] Naomi Klein, 2014 ’Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima’

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