¿Quién recoge y quién paga la fiesta?

Artículo publicado en elsalmoncontracorriente.es

Diferenciación en base a responsabilidades vs “autodiferenciación” responsable

El espíritu del Acuerdo de París viene marcado por el enfoque de “abajo a arriba” acordado en la COP17 de Durban, con un mandato dado al comité encargado de preparar las bases de un nuevo acuerdo (la Plataforma de Acción de Durban) basado en las ofertas de contribución de los paises: en lugar de perseguir un acuerdo internacional impuesto desde arriba en Naciones Unidas (NNUU), que cada país diga cuanto ofrece y pagamos, sino a escote, al menos entre todos. La ventaja que le ven muchos a esto es que así se evitan fracasos como el de Kioto (aquella fiesta a la que vino muy poca gente), o el de Copenhague (aquella otra donde las copas caras se servían en la cocina a puerta cerrada, mientras la mayoría de la gente se aburría en el salón).

La desventaja es que no acordar un reparto vinculante acordado en el seno de NNUU en base a la contribución de cada cual al problema, atenta contra uno de los principios históricos que están en la base de la lucha climática: el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Es decir, que el grueso de las soluciones venga de la parte de los que más han generado el lío. Y no solo en lo relativo a la reducción de emisiones, sino también en relación a quién financia las soluciones. Esto es algo claramente recogido en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). El enfoque de “abajo arriba” con el que ahora se trabaja cuestiona muy seriamente este principio. Cada país dice, a través de sus promesas nacionales o intended nationally determined contributions -INDC-, en la jerga de NNUU, cuanto están dispuestos a reducir en emisiones y ya sumamos luego a ver si nos llega. Pero el reparto no se hace en base a una cuotas de responsabilidad histórica prefijadas.

Y claro, por un lado vemos que no llega -los diferentes análisis de las contribuciones de los países sitúan el calentamiento a final de siglo en una horquilla de entre 2,7 y 3,7 ºC-. Y por otro, como era esperable, el reparto no es en absoluto justo. Un estudio de la sociedad civil que analiza las contribuciones de cada país en base a su cuota de responsabilidad histórica, demuestra que los países más contaminantes son los que menos reducciones de emisiones asumen en proporción a su responsabilidad. A la cabeza se encuentra Rusia, que asume una contribución nula en relación a su responsabilidad histórica. Le sigue Japón, cuya oferta de INDC solo cubre una décima parte. Y los siguientes en la lista son Estados Unidos y la Unión Europea, que con sus INDCs solo cubren una quinta parte de su responsabilidad sobre las emisiones.


los países más contaminantes son los que menos reducciones de emisiones asumen

Y en general estos países más responsables del problema son los que menos dinero quieren poner. Siguiendo con la analogía facilona de la fiesta, esto viene a significar que quienes más han bebido y desordenado la casa, son los que menos recogen y los que menos copas van a pagar en proporción. Es como si tú, que te mueves con un presupuesto más bien ajustadito, llegas a los cinco últimos minutos de esa fiesta y te toca recoger el desastre, y encima pagar tu cerveza a precio de oro.

Esta es la razón por la que algunos países del ALBA se han negado a entregar sus INDCs a NNUU antes de la COP21 de París, en un gesto ideológico de no simpatizar con el proceso elegido. Y como era de esperar, el tema de las responsabilidades comunes pero diferenciadas -ahora llamado “diferenciación” en la jerga de NNUU -, está siendo uno de los escollos en las negociaciones de Paris de estos días. Los países ricos esgrimen que como todos somos ya mayorcitos, cada uno pondrá de forma responsable en base a lo que haya bebido. Es decir, frente a la diferenciación exigida en el marco de CMNUCC según responsabilidades, plantean la “auto-diferenciación” responsable.

En el Articulo 3 del borrador del acuerdo de Paris con el que hoy empiezan a trabajar los ministros, aquel que define el objetivo colectivo a largo plazo, se mantiene un llamamiento a “una distribución equitativa del presupuesto mundial de carbono con arreglo a las responsabilidades históricas y a la justicia climática“.

El presupuesto mundial de carbono es el CO2 que aun podemos emitir antes de cruzar el umbral de “seguridad” de los 2ºC. En primer lugar es importante notar que este texto está aún entre corchetes, es decir, no está consensuado y puede caerse del acuerdo final. En segundo lugar este brindis al sol choca con la realidad: con los actuales planteamientos de INDC que hay sobre la mesa, los países se van a pulir el 75% del presupuesto en los próximos 15 años. Y evidentemente no son los países empobrecidos quienes van a “disfrutar” mayormente de este presupuesto.

Financiación

Al igual que los esfuerzos en reducción de emisiones el CMNUCC establecía la responsabilidad financiera clara de los países ricos contaminantes, al incluirlos en un Anexo (el I) que era el responsable de financiar la descarbonización de la sociedad y la adaptación a los cambios en los países empobrecidos. La COP16 de Cancún, en 2010, estableció el Fondo Verde para el Clima, fijándolo en 100 mil millones de dólares anuales a partir de 2020, de los cuales apenas a día de hoy se han conseguido 6000.


Los países más responsables del problema son los que menos dinero quieren poner

África ha pedido que se duplique del 16 al 32% la parte de ese fondo verde que irá destinada a adaptación. Sin embargo muchos países “desarrollados” se oponen, esgrimiendo excusas como que no existen suficientes proyectos de adaptación como para justificar ese incremento. Sin embargo los costes de adaptación en los países empobrecidos ascenderán a 500 mil millones de dólares americanos en 2050 (es decir, muchos más de esos 32 mil millones que pide Africa). Y si en relación a la adaptación los paísesricos se hacen los suecos, en relación a la financiación de Pérdidas y daños, algunos de estos pretenden abordarlo planteando no compensaciones directas a los países afectados (algo a lo que se oponen rotundamente) sino coberturas de seguros ante catástrofes, lo cual abre una nueva ventana de negocios que pervierte nuevamente el espíritu de la diferenciación, pues tendremos a los países que no han causado el problema teniéndose que pagar un seguro para cubrir los efectos, y para que hagan caja los mismos de siempre.

Es dificilmente imaginable, además, el establecimiento de seguros para cubrir algunos de estos eventos, como el avance de la desertificación o la disminución de recursos hídricos, por poner ejemplo. Algunos países como EEUU, Japón, Canada, Australia o Suiza, se han mostrado contrarios en las negociaciones previas a París a incluir en el acuerdo un capítulo relativo a “Pérdidas y Daños”.

En lugar de poner el dinero encima de la mesa, algunos países, liderados por EEUU, pretenden ahora que todos paguen los platos rotos. En un documento filtrado antes de la COP de Paris, EEUU invitaba a un selecto grupo de contaminadores a plantear un enfoque “colectivo” de solución (o sea, pagar entre todos) , argumentando, en un insulto a la inteligencia colectiva, que las viejas categorías de países en “desarrollo” y “desarrollados” establecidas en 1992 ya no se sostienen. En lo relativo a la financiación climática, el documento directamente plantea que “todos los países deberían contribuir”.

Esta postura egoísta de EEUU y sus aliados explica la insistencia que mucho países del Sur global en que sus contribuciones de reducción estén condicionadas a que los países que han generado las financien. Los países empobrecidos también están dispuestos a comprometerse en la reducción de emisiones, en este nuevo enfoque de abajo a arriba, pero los países ricos deben pagar su transición a modelos energéticos limpios y deben pagar además no solo por su adaptación al cambio climático, sino por los daños y pérdidas de aquellos efectos a los que ya es imposible adaptarse. Es necesario recordar que ya 30.000 personas mueren actualmente al año en estos países por desastres relacionados con el Cambio Climático.

La justicia climática, la gran ausente

Así, la justicia climática se augura como la gran ausente de este acuerdo. Al tiempo que se pretende diluir las diferentes responsabilidades históricas y que se intentar eludir las responsabilidades financieras diciendo que esto es cosa de todos, se ataca la inclusión de los derechos humanos en el acuerdo.

Los mismos países que se frotan las manos con este nuevo enfoque, son los mismos que se han opuesto a la inclusión de estos derechos en las partes operativas del acuerdo. Frente a la postura de países que han defendido que el acuerdo de París solo tendrá exito si está anclado en la igualdad de género, la igualdad intergeneracional, la integridad de los ecosistemas y una transición justa con empleos dignos, se encuentra la de aquellos que no quieren oir ni hablar de estos asuntos.
Las relaciones de poder existentes son las que subyacen detrás de estos planteamientos tan enfrentados en las negociaciones, y esas no van a cambiar en una semana que queda de cumbre.


Samuel Martín-Sosa Rodriguez.
Ecologistas en Acción
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