Alguien ha matado a alguieeen…

Artículo publicado en elsalmoncontracorriente.es

La gran ausencia: los combustibles fósiles

Hoy 30 de noviembre comienza la Cumbre del clima en París (COP21), en un ambiente enrarecido por los recientes atentados terroristas y por la subsecuente prohibición y represión de las movilizaciones sociales en torno a este encuentro mundial. Las expectativas ante tamaño evento son altísimas. Las prohibiciones de París no han hecho sombra al hecho de que cientos de miles de personas salieran ayer a la calle en todo el mundo para pedir un cambio de rumbo, en la mayor movilización climática de la historia.

Sobran las razones para este sentimiento de emergencia. 2015 será el año más cálido desde que existen registros. Además será el año en el que el aumento de la temperatura media de la superficie de la Tierra alcanzará 1 ºC desde la era preindustrial. Y también será el año en que se sobrepasará la icónica cifra de 400 ppm[1] de CO2 en la atmósfera, cuando el umbral de aumento de temperatura de 2ºC oficialmente aceptado como “seguro” es consistente con una concentración de 450 ppm. Nos acercamos peligrosamente a la cifra de nuestro “suicidio climático”[2].

Pero, ¿estará París a la altura de semejante reto?

Consecuentemente todos los ojos están puestos en lo que se decida durante las dos próximas semanas en la capital francesa. El borrador del acuerdo salido de las rondas previas de negociación (en Ginebra y Bonn) llega muy abierto y con casi todo por cerrar. Desde el objetivo global a largo plazo, a las exigencias relativas a las contribuciones de cada país, pasando por la financiación o los periodos de revisión de los compromisos.

La ciencia es clara a la hora de afirmar el origen antropogénico del calentamiento global, y su relación con la quema de combustibles fósiles. Un estudio reciente en Nature señalaba que era ineludible dejar la mayor parte de los combustible fósiles bajo tierra, sin extraer. En concreto un tercio de las reservas del petróleo, el 80% del carbón, y al menos la mitad del gas. Y eso para tener tan solo un 50% de probabilidades de no sobrepasar el umbral de “seguridad” de los 2ºC.

Con este dato en la mano la pregunta es automática: ¿prevé el acuerdo de París medidas para dejar los combustibles fósiles en el subsuelo? La decepción ante la respuesta es también inmediata: en absoluto. Es más, la pregunta debería ser: ¿como es posible que en más de dos décadas de negociaciones climáticas estas propuestas no hayan estado sobre la mesa? Es de cajón que todo lo que se extrae, se quema. En lugar de ensayar medidas de mercado -que supuestamente tienen por objeto “desincentivar” el uso de estas fuentes energéticas-, o de proponer soluciones de final de tubería para atrapar el CO2 emitido -que directamente incentivan su uso-, ¿porque no cortamos el problema de raíz y ponemos coto a la extracción? La triste realidad es que una búsqueda por palabras en el borrador de París con la palabra “fósiles” arroja un decepcionante y sorprendente número de resultados: cero.

Los combustibles fósiles ni siquiera se mencionan para animar a las Partes del Convenio, aunque sea timidamente, a reducir el apoyo económico que les brindan, algo que en cambio sí aparecía en el borrador anterior al actual[3]. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que en 2015 los subsidios públicos a la industria fósil serán de 5,3 billones de dólares a nivel global, una cantidad mayor que el gasto sanitario en todo el mundo para ese mismo año.

Resulta inconcebible que el causante del problema no aparezca mencionado en el acuerdo que pretende solucionarlo. Es como si una sentencia judicial dijera “alguien ha matado a alguieeen…”


La cooptación corporativa lleva instalada tiempo en la cabeza de los negociadores políticos

La industria fósil es todopoderosa. Las relaciones entre política y economía se hacen muy patentes a través de las puertas giratorias habituales entre estos dos espacios. En la COP de Varsovia, aquella en que las organizaciones de la sociedad civil decidieron abandonar en bloque la cumbre ante la falta de avances, se visibilizó bien la descarada intromisión en las negociaciones por parte de la industria contaminante: de forma paralela a aquella cumbre se celebraba la “Cumbre Internacional de Carbón y el Clima”, un evento destinado a lavarle la cara al carbón, auspiciado por el gobierno polaco y -atención al dato- apoyado por el ex-Secretario ejecutivo del Convenio de Cambio climático, Yvo de Boer. En la cita de París tampoco han faltado las críticasa las empresas que financian la cumbre, y de forma paralela a la misma se celebra el foro “Solutions COP21”, un espacio patrocinado por grandes corporaciones como Renault-Nissan, Engie, Suez,…Todo un empuje de lobby que intentará vender a los negociadores reunidos en París sus falsas soluciones de siempre. Las que llevan fracasando 20 años.

Pero en realidad estos espacios paralelos son solo la cara visible. El peligro está dentro. La cooptación corporativa lleva instalada tiempo en la cabeza de los negociadores políticos que se sentarán a hablar. Los mismos que han decidido no incluir la palabra fósil en el texto. Un acuerdo a la altura de las circunstancias pasaría inexorablemente por expulsar a los intereses de esta industria de los espacios de poder y decisión. Y por tanto de las cabezas de los negociadores.

 

Samuel Martín-Sosa Rodriguez.
Ecologistas en Acción

Notas

[1] ppm: partes por millón. Todo indica que en 2015 la media anual de concentración de CO2 en la atmósfera

[2] El ritmo de aumento de emisiones en la última década ha sido de 2,11 ppm/año

[3] La invitación a reducir o eliminar los subsidios públicos a los combustibles fósiles aparece en la página 68 (punto 52a).

Anuncios