Entrevista a Samuel Martín-Sosa, de Ecologistas en Acción

Artículo publicado en elsalmoncontracorriente.es

Nadie parece tener prisa, pero el factor tiempo en la lucha climática es fundamental”

Desde el año 2005 y hasta el estallido de la crisis en 2008, el cambio climático había pasado de ser un asunto de científicos a un tema de actualidad. La crisis altera este escenario, pero el análisis del cambio climático y sus repercusiones sigue pareciendo tan urgente como entonces. Hablamos con Ecologistas en Acción, que prepara un curso de posgrado para abordarlo.

La repercusión del documental “Una verdad incómoda”, protagonizado por el que fuera vicepresidente del gobierno de los EEUU, Al Gore, vino a representar la eclosión del cambio climático como asunto mediático. El propio Al Gore recibiría en 2007 el Premio Príncipe de Asturias y el Premio Nobel de la Paz, este último compartido con el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC). A pesar de que este organismo de las Naciones Unidas avisaba desde 1990 de que el Calentamiento Global se estaba acelerando de forma alarmante, su irrupción en los medios de comunicación fue bastante brusca y de pronto el debate sobre la raíz antropogénica de estos cambios se encaramó a la ventana de la opinión pública.

Pero también es entonces cuando surge la versión más polarizada del “bipartidismo climático”, según palabras de Naomi Klein, que explica en su último libro (“Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima”) cómo los conservadores utilizan en EEUU el negacionismo del cambio climático como una auténtica herramienta ideológica.

Sin embargo, la crisis que estalla en 2008 parece modificar todo este escenario, explica Maria Josep Picó Garcés: “La llegada de la crisis en 2008 aportó un nuevo escenario: caída de los ingresos por publicidad (menos disponibilidad de papel, recorte en las redacciones, etc), unida al cambio de modelo de negocio de los diarios por la incidencia de las ediciones electrónicas y un cambio en las prioridades políticas y sociales. Se cierran suplementos medios especializados, se dejan de emitir programas ambientales, se despiden periodistas especializados y, por el contrario, se empieza a cubrir la información climática a través de blogs en las ediciones digitales. Incluso las cumbres climáticas muestran más debilidades. Los recortes en inversiones públicas, el incremento del desempleo, las privatizaciones de servicios públicos, incluso los casos de corrupción política, captan toda la atención de los medios y el interés por el cambio climático y el medio ambiente en general queda relegado tanto por los medios como por la ciudadanía.” [1]

Echando un vistazo a los medios de comunicación, el cambio climático ya no parece tan importante y, sin embargo, el consenso científico sobre su gravedad es cada vez mayor. Ecologistas en Acción, junto a otras organizaciones e instituciones académicas, está preparando un curso de posgrado sobre el asunto, con el objetivo de “analizar el estado de situación en el que nos encontramos” y “socializar los debates académicos” que se están dando alrededor de la llamada “crisis climática”. En concreto, se trata del primer curso de posgrado interdisciplinar sobre cambio climático en castellano, donde se combina la visión de expertos, investigadores y académicos del mundo científico. Participan incluso ex-altos cargos que han desempeñado un papel relevante en las negociaciones climáticas.

Para conocer mejor esta propuesta, hablamos con Samuel Martín-Sosa, responsable de Internacional de Ecologistas en Acción y director del curso.

¿Por qué sigue siendo importante hablar del cambio climático?

Lo cierto es que hoy es más importante que ayer y visto lo visto, menos que mañana. El factor tiempo en la lucha climática es fundamental, y sin embargo aquí nadie parece tener prisa.

Por un lado tenemos los planes de empresas y gobiernos de seguir alegremente por la senda fósil, con proyectos de desarrollo masivo del gas y el petróleo de esquisto en todo el mundo, de multiplicar exponencialmente el aprovechamiento de las arenas bituminosas, de llevar a cabo proyectos megalómanos de extracciones en aguas profundas y ultra profundas en Brasil, Australia o el Ártico… Representan los combustibles más sucios y de mayor impacto ambiental. Inversiones milmillonarias que solo se sostienen si hablamos de proyectos que estarán en producción durante al menos los próximos 30 o 40 años. Un tiempo precioso que no tenemos. Y eso por hablar solo de la industria fósil pero podríamos hablar también del sistema agroalimentario.

Por otro lado tenemos una información científica con un grado de consenso sin precedentes que nos habla del escaso margen de CO2 que aun podemos poner en la atmósfera antes de que el cambio climático se vuelva mucho más peligroso e impredecible, y que nos exhorta a cambiar radicalmente y de forma urgente de rumbo.

Son dos realidades que no se encuentran, como si de un diálogo de sordos se tratara. Y claramente en el plano político no se están dando respuestas a la altura del reto que plantea la ciencia. Basta ver que en más de dos décadas de negociaciones climáticas no se ha planteado ni una sola medida encaminada a limitar la extracción de combustibles fósiles. Eso si que sería una medida efectiva para reducir las emisiones, pero nadie tiene la valentía o la independencia para tomarla.

¿Porqué? Una pista. Si nos tomáramos en serio los objetivos de reducción de emisiones, cerca de 25 billones de dólares de compañías energéticas, una de las industrias más poderosas del planeta, perdería su valor convirtiéndose en activos obsoletos, inservibles. Las puertas giratorias o la financiación de las campañas electorales, juegan aquí un papel muy importante.

Ecologistas en Acción tiene una larga trayectoria tanto en campañas de presión política como en sensibilización sobre el cambio climático. Teniendo en cuenta que los recursos son limitados, ¿qué vertiente de la lucha contra el cambio climático es ahora más importante?

Claramente hay un déficit de comunicación. Lo hay por ejemplo en el plano científico. A pesar de la asepsia inherente a la información científica, los datos que están poniendo sobre la mesa son dramáticos. Y sin embargo la sociedad no recoge la información como algo alarmante. Es algo que tratamos de explorar en el curso, qué elementos de impermeabilidad persisten en esa frontera que separa la academia de la sociedad. También existen factores psicológicos a nivel individual y social, que también son tratados en el curso, que hacen que evitemos mirar a la cara a situaciones que intuimos catastróficas, en una especie de escapismo negacionista. Pero sobre todo es fundamental ser consciente del fuerte papel que juegan los poderes dominantes del sistema en la propia comunicación del cambio climático, en la gestión de la información relativa a este asunto. Existe un frente tecnocrático dominante, con las propias empresas causantes del problema a la cabeza, que habitualmente nos bombardea con mensajes tranquilizadores del tipo: “usted no se preocupe, ya nos ocupamos nosotros”. En el curso hay varias sesiones dedicadas a analizar qué mensajes se transmiten a la sociedad y quien los controla.


“El cambio climático está directamente relacionado con un modelo económico que nos empeñamos en salvar”

Que la crisis haya minimizado la atención sobre el cambio climático indica precisamente que de momento no se ha puesto el foco sobre las causas-raíz del problema, lo que explica a su vez por que el asunto no se aborda con la determinación necesaria. Mientras sigamos considerando el cambio climático como algo de lo que podamos ocuparnos solo cuando recuperemos el crecimiento económico, que es ahora la prioridad, seguiremos errando. El cambio climático está directamente relacionado con un modelo económico que nos empeñamos en salvar. Es clarificador analizar la evolución paralela de los acuerdos climáticos y contraponerlos a los acuerdos comerciales que se han ido firmando en estos años y ver como apuntan a direcciones opuestas. En el curso dedicamos una semana entera a la economía y este es uno de los aspectos que se analizan.

Habiendo varios frentes posibles de actuación, uno muy interesante es el movimiento en favor de la desinversión fósil, como veremos en el curso. Que las empresas energéticas se lancen sin miramientos a forzar las fronteras extractivas bajo el mantra de “Perfora, chico, perfora” se explica en parte por la propia estructura y funcionamiento del mercado. Hay que presionar a los inversores para que salgan de ahí. Pero lo fundamental va a ser, a mi juicio, la acción ciudadana. Como dice Naomi Klein, si hay algo que los políticos teman más que perder las donaciones, es perder las elecciones.

Con la irrupción de la crisis, vivimos un momento difícil para debatir sobre temáticas medioambientales, incluso si es el caso del cambio climático. ¿Cómo surge la idea de hacer un curso como el que habéis propuesto?

Las iniciativas de formación en este campo se centran mucho en una perspectiva empresarial, de cooperación al desarrollo, o de las relaciones internacionales entendidas desde un enfoque estrecho de negociaciones entre países. No había un curso multidisciplinar, en castellano, que tratara el tema como un gran problema global, el más importante a día de hoy, de toda la sociedad desde un enfoque holístico. FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) ha comenzado su andadura en España y me confió la dirección de este proyecto, que en principio iba a ser una maestría de dos años. Al final hemos preferido apostar por un curso más pequeño y concentrarlo en un mes de forma previa a un momento político irrepetible, la Conferencia del Clima de París que tendrá lugar en diciembre de 2015.

Entonces, ¿Cómo se estructura el curso? Por ejemplo, ¿Qué temas se tratarán?

El curso tiene cuatro bloques. El primero se centra en las bases científicas y sociales del cambio climático. Incluye dos salidas de campo para observar los efectos que el cambio climático está ya teniendo sobre el paisaje o la agricultura. El segundo bloque se centra en la economía, los mecanismos de mercado, los tratados comerciales, el modelo de consumo… El tercer bloque aborda los principales motores del cambio climático, con un extenso repaso al sector energético y al sistema agroalimentario. Esto incluye un análisis del potencial pero también de los límites de las energías renovables. Finalmente en la última semana se abordan temas como las negociaciones internacionales-incluyendo un juego de rol en el que los alumnos llevarán a cabo su propia negociación-, los retos sociopolíticos y geopolíticos de la lucha climática, o el potencial de la acción climática a nivel local, incluyendo la implicación de la sociedad civil, tanto en los países ricos como en el Sur global.

El curso es muy intensivo (150 horas), pero las clases teóricas se combinan con sesiones más ligeras, donde caben desde proyecciones de audiovisuales hasta sesiones de debate. Contamos con un elenco de lujo de 45 docentes entre profesores universitarios, investigadores, divulgadores científicos, ex ministros y secretarios de Estado o representantes ecologistas. Cuenta con el aval de la Universidad de Salamanca y a los alumnos se les reconocerán 15 créditos FLACSO y 15 ECTS.

Samuel Martín-Sosa Rodriguez.
Ecologistas en Acción

Notas

[1] Picó Garcés (2013), en “La crisis económica versus el cambio climático”, en Fernández Reyes, R. (Director), Mancinas-Chávez, R. (Coordinadora). Medios de comunicación y cambio climático, Sevilla: Fénix editora.

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