Juncker y la sostenibilidad

Artículo publicado en elsalmoncontracorriente.es

Un desarrollo sostenible sin credibilidad

• La inclusión del desarrollo sostenible en el mandato de Timmermans carece de toda credibilidad.
Hay pocas esperanzas de que prosperen nuevas iniciativas legislativas en el terreno ambiental.
Muy posiblemente asistiremos a destrucción de gran parte de lo existente, en aras del business as usual.

Recientemente tuve ocasión en Bruselas de escuchar a un funcionario europeo alardear de cómo la Comisión se preocupa por avanzar hacia un modelo de gestión sostenible de los recursos, que minimice los impactos para así respetar los límites físicos del planeta. Además, el personaje en cuestión sacaba pecho de la preocupación del nuevo presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, por el desarrollo sostenible, como probaba, según él, el hecho de que en la carta de misión del vicepresidente primero y su mano derecha, Frans Timmermans, se incluyera de forma explícita un mandato para velar horizontalmente por este principio, que viene anclado en los Tratados de la Unión. Este funcionario olvidó contar que la mención al desarrollo sostenible, una sola vez y perdida en la cuarta pagina del texto, es un pegote añadido a la carta de misión inicial -que desde luego no mencionaba el asunto-, y que fue incluida en segunda instancia como consecuencia de un peaje que Juncker ha tenido que pagar para garantizarse el voto socialdemócrata a su equipo de Comisarios.

Además este funcionario hacía estas declaraciones sin ningún pudor apenas unos días después de que se filtrara una carta en la que Juncker y Timmermans anuncian a los demás comisarios la posible eliminación de propuestas clave en materia de medio ambiente del programa de trabajo de 2015 de la Comisión, que habían sido propuestas por el anterior ejecutivo y que se encontraban en la tubería legislativa en pleno proceso de aprobación. Entre los dossieres afectados está el de la economía circular, cuya filosofía es precisamente la de pasar de un funcionamiento lineal de “producir-usar-tirar” a uno circular donde los residuos de un proceso productivo sean recursos para el siguiente. Por consiguiente las del funcionario son palabras vacías. Tanto, como inexistente parece el interés de Juncker por la sostenibilidad.

La inclusión del desarrollo sostenible en el mandato de Timmermans carece de toda credibilidad. No existe ni una sola mención al medio ambiente en dicho texto, que está atravesado por el mantra del crecimiento económico y el empleo, en base a cuya agenda justifica Juncker los recortes ambientales. Aunque si vamos a hablar de empleo, Juncker parece ignorar datos de la propia Comisión que hablan de 180.000 posibles nuevos empleos en el nicho laboral de la economía circular. Un repaso al documento de sus Directrices Políticas para la nueva Comisión, presentadas en su discurso como candidato ante el Parlamento Europeo que lo eligió con 422 votos a favor, es también clarificador de sus intenciones, siendo la sostenibilidad y el medio ambiente los grandes ausentes del texto. Cabe preguntarse si este hombre es consciente de la situación de probable colapso que afronta el planeta.

No lo parece, a juzgar por el descaro – y torpeza política- con el que se ha puesto rápidamente a desmantelar la política ambiental. Otro paquete legislativo que ha puesto en la cuerda floja es el de “Aire Limpio” que se encontraba en avanzado estado de negociación, y que incluía valores límite para determinados contaminantes a partir de 2020 (los Techos Nacionales de Emisión), una directiva para limitar las emisiones de las Plantas Medianas de Combustión, etc. Cerca de 45 millones de personas en nuestro país respiran aire contaminado y como acaba de reconfirmar una vez más la Agencia europea de Medio ambiente en su informe de 2014, este es un problema estructural que afecta a todo el continente donde se producen anualmente 450.000 muertes prematuras por este motivo.


Cabe preguntarse si este hombre es consciente de la situación de probable colapso que afronta el planeta.

La contaminación atmosférica ha sido además reconocida recientemente por la OMS como una causa de cancer. Aplicar el Paquete Aire Limpio supondría salvar 58.000 vidas para 2030, según cálculos-nuevamente- de la propia Comisión y un ahorro ecónómico de entre 40.000 y 140.000 millones de euros en ese mismo horizonte temporal. En contraste, el coste de aplicación del paquete apenas asciende a menos de 4.000 millones. Hagan cuentas y concluyan si Juncker está interesado por la sostenibilidad, o por el contrario quiere contentar a algún lobby.

De momento el globo sonda lanzado por Juncker ya se ha topado con las protestas de asociaciones médicas y de la salud, el sector de la gestión de los residuos, y las organizaciones ecologistas.

“Mejora de la Legislación”

Timmermans es el vicepresidente encargado de la “mejora de la legislación”. Este término parece haberse convertido en un eufemismo para sustituir la palabra desregulación. Juncker le ha dado unas tijeras a su segundo para que recorte y aligere la carga legislativa “innecesaria”-reza su carta de misión. Evitar muertes parece necesario, sin embargo.

La lectura generalizada de que el auge del euroescepticismo en el arco parlamentario tras las elecciones de mayo pasado, son una señal clara de que los países europeos quieren “menos Bruselas”, le viene bien a Juncker como coartada para sus tijeretazos legislativos. Sin embargo los ciudadanos europeos no quieren una menor protección ambiental. Los resultados del último eurobarómetro así lo demuestran. Además en la misma carta en la que el vicepresidente primero de la Comisión anuncia la posible rebaja ambiental, avanza también nuevas propuestas legislativas para 2015, es decir, en este caso si, más legislación: sobre el mercado único digital, sobre la unión del mercado de capitales, sobre la unión monetaria y económica…

El principio de “discontinuidad” -descartar legislación iniciada por el equipo anterior, al iniciar un nuevo mandato- esgrimido por Juncker para acometer estos cambios, puede ser una práctica habitual en los gobiernos nacionales, pero hasta ahora no se había aplicado a la Comisión europea.

En la mencionada carta, Timmermans vuelve además a lanzar la amenaza de revisión en profundidad y posible fusión de las dos directivas de naturaleza que Juncker ya anunciara en su día. Conviene recordar que las Directivas de Aves y Hábitats son el pilar sobre el que se asienta la conservación de la naturaleza en Europa. Este proceso puede abrir un melón muy jugoso para ciertos lobbies que quieren profundizar en el terreno de los bancos de hábitats, las compensaciones de biodiversidad y la privatización de los espacios naturales en general.

Cañete no era el (único) problema

Se está empezando a visibilizar que al crear 7 vicepresidencias que supervisan directamente a los Comisarios, Juncker ha introducido un elemento de enorme control sobre lo que se hace o deja de hacer en la Comisión. Desde el principio advirtió a su equipo que no aceptaría ninguna propuesta legislativa que no viniera avalada por alguno de sus vicepresidentes, lo que supone un bloqueo estructural de facto a la iniciativa política de los Comisarios. Así, hay pocas esperanzas de que prosperen nuevas iniciativas legislativas en el terreno ambiental. De hecho esta jerarquía es más importantes de lo que parece. El debate acalorado que suscitó la propuesta de Cañete como Comisario de Energía y Acción Climática, restó atención a este asunto. Incluso al centrarse el debate en la cuestión nominal, se inducía a pensar que refutar a Cañete como candidato hubiera permitido buscar a algún sustituto capacitado para llevar a la UE por una buena senda en las negociaciones climáticas.

Lo cierto es, sin embargo, que aunque hubiera aparecido un candidato válido, su margen de maniobra habría sido muy escaso. El Departamento de Cañete se encuentra bajo supervisión directa de la Vicepresidencia para la Unión de la Energía, donde la referencia al clima desaparece. Se supedita la política climática a las consideraciones del mercado de la energía, en lugar de ser al revés: que los objetivos climáticos condicionen las decisiones energéticas. Esta estructura por si sola habla, nuevamente, de la difícil relación de Juncker con la sostenibilidad. La cumbre del clima de París en 2015, que es vista de forma creciente como una última llamada para enderezar el rumbo climático, no parece estar tampoco entre sus prioridades.

El ataque sin pudor, desde el día uno del mandato, a las políticas ambientales por parte de Juncker, nos anuncia que bien podríamos estar ante un periodo gris de cinco años en el que no sólo no veamos nacer las nuevas iniciativas que deberían emanar del séptimo Programa de Acción Ambiental, sino en el que muy posiblemente asistiremos a destrucción de gran parte de lo existente, en aras del business as usual.


Samuel Martín-Sosa Rodriguez.
Ecologistas en Acción

 

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